El árbol que asoma

Alguno que otro que me conociera de antes, de aquellos blogs que abrí y cerré a lo largo del tiempo, se habrá encontrado con algún comentario sobre lo que dibujo y su proceso. Claro que unas cuantas personas o usuarios de este espacio ya no están en activo. Ahora, sin atenerme a razones, no me apetece hacerlo. También es cierto que con este blog presente estoy de nuevas y nada de lo que hiciera entonces cuenta. De modo que decir que ahora no me apetece comentar sobre mi práctica de dibujo es un poco innecesario, pues ya se ve que no lo hago.

Durante ese tiempo en el que abrí y cerré blogs desde el 2018 o 2019, más o menos, hasta hoy he ido subiendo al blog de turno distintos resultados de mi práctica de dibujo o pintura. A mí, en todo caso me gusta llamarlo dibujo siempre, sea pintura o dibujo, porque la precisión de nombrar el concepto no me permite fluir en la escritura. Dibujar lo engloba todo.

Así que he ido subiendo distintas formas de dibujar o distintos resultados de la práctica de dibujar, y a veces he comentado y otras no acerca del proceso. De un tiempo a esta parte no comento acerca del proceso. Me gusta leer a otros que lo hacen. Me deja descansar de mi propio proceso y aprendo o reviso, o simplemente leo, como quien lee una historia.

Me doy cuenta de que esta publicación dice poco, pero a veces apetece hablar por hablar.

No obstante, haré un pequeño apunte sobre las imágenes que vienen a continuación:

La primera de las imágenes, la que queda a la izquierda, llegó primero. La hice de memoria, como ya lo hago todo pues me agota el copieteo de la realidad. Representa un día en el que vi a tres personas que estaban cerca de una encina con sus tres perros olfateando y paseando tranquilamente en torno a ellos en la dehesa de Villaba. Al principio el árbol no tenía esos puntitos que se ven de diferentes tonalidades de verde, amarillo o azul. Añadi los puntitos dos días más tarde, cuando de pronto pensé en destacar sus supuestas hojas. Sé que parecen frutos y que no parece una encina por eso, pero realmente me da igual. Lo que me importaba era la composición en su conjunto. No es que me dé igual exactamente; lo que quiero decir es que para mí es una encina. Ese árbol robusto, no muy alto que se expande como un ramo de brócoli y que se sostiene en un tronco ancho e indudablemente fuerte.

El mismo día en el que añadí los puntitos a la encina, hice el dibujo que aparece a la derecha. Este es un dibujo inventado. Como me animé a hacer puntitos, me puse a crear una forma a partir del punteo, y me encantó la dinámica. Pum, pum, pum, pum, pum… y me fui moviendo según sentí la necesidad de trazar un árbol con el punteo. Cuando pensé que el árbol ya estaba acabado, lo dejé. Durante un rato, y mientras punteaba el árbol, me apeteció continuar con el punteo para hacer el cielo, el suelo, el entorno. Sin embargo, como a veces me ocurre, me lo quedé mirando y pensé en un cambio de dirección. Está a la vista que ya no continué con el punteo. Supongo que necesitaba el contraste en ese momento.

Otra vez será, continuará el punteo y lo cubrirá todo. Pum, pum, pum, pum…

Al final el apunte no fue breve, pero tampoco he hablado de la técnica que utilizo, que es en definitiva a lo que me refiero con lo de no hablar del proceso del dibujo.

Pum, pum, pum, pum… así eternamente:)

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