Más variaciones y repeticiones

En algún momento, hace tiempo, solía hacer primero un boceto de lo que fuera a dibujar, especialmente si se trataba de ilustrar una historia. Después utilizaba ese boceto para hacer lo que sería el dibujo final. Me ayudaba de transparencias o de una mesa de luz. Durante un buen tiempo después, dejé de hacerlo. No me salía repetirme. Sentía impaciencia y ahora sé que no era debido al acto de dibujar.

De pronto, desde hace dos semanas por lo menos, me veo haciendo de nuevo un boceto previo para ser copiado y repetido. Lo hago inintencionadamente. Lo hago porque me sale así. Pero, además, en ese proceso encuentro un tipo de claridad, de orden mental, de paz o quietud, de concentración en definitiva.

Esto que voy a comentar a continuación es algo que tampoco hacía antes, y me refiero a la repetición del motivo para obtener distintos resultados. Sin embargo, ahora me veo inmersa en satisfacer esa curiosidad, la de ver distintos resultados y la de utilizar distintos materiales. Mezclarlos sin atender a ortodoxias, si eso de la ortodoxia existe en la pintura o el dibujo. Yo, a estas alturas, solo creo en lo que es compatible o posible hacer por la naturaleza del material en sí y no por otra cosa. Quiero decir que es importante saber si algo es de base de agua o de aceite o de alcohol; también, si un papel será capaz de soportar un tipo de material o cuáles serán sus efectos al aplicarlo sobre su superficie. Es cuestión de practicidad. Por lo demás, seguir una intuición para no sofocar las ganas de continuar.

Es lo mismo que estoy haciendo con la escritura, entendida de otra forma que en el acto del dibujo, claro. En cualquier caso, no pretendo llegar a nada y eso me devuelve las ganas y la comodidad personal en lo que sea que esté haciendo o creando. Prisa no tengo.

Más variaciones, pues, de un detalle que vi en un rincón de una calle principal del pueblo. En este caso es un dibujo de una vinca y una trepadora (una parra virgen).

Arriba, a la izquierda está el boceto y a la derecha la primera variación (que en la realidad la hice después de lo de abajo) en sanguina líquida. Hay unos tubos de colores tierra (que los llaman «tierra» y son tres: sanguina, sombra y blanco tiza) que cumplen la función de los compactos, en lápiz o barra, que se utilizan para dibujo, del tipo de carboncillo, sanguina, pastel blanco, etc. Su base líquida facillita que el trazo se agarre al papel. Pero al margen de esto, a mí me ayuda para evitar el polvo de los materiales secos, además de que son ecológicos y por tanto evito la toxicidad lo más posible. El blanco en el dibujo está hecho con tinta blanca en este caso y no con la tiza blanca húmeda. Pero en otro momento, cuando me haga con ella, probaré también con la tiza blanca líquida.

Estas imágenes de arriba son el mismo dibujo hecho sobre acetato y dispuesto, el acetato, sobre distintos soportes para destacar las zonas con color. Los perfiles están hechos con pasta de relieve y el relleno de las hojas está hecho con pintura de base de agua para vidrio o cerámica. Si el objeto en cuestión es de vidrio o cerámica de verdad luego debería pasar por un horneado para hacer la pintura permanente. No es el caso de este dibujo porque mi intención era solo experimentar con un dibujo sobre acetato. Está claro que tiene todas la irregulares, que soy una principiante, pero me dio satisfacción.

Creo que ya he mencionado en otro momento que me gustan las vidrieras y que últimamente he estado observando cómo el arte de esta práctica ha evolucionado a lo largo del tiempo. En especial me gustan los motivos, los dibujos de las vidrieras. La fragmentación de los escenarios, objetos y cuerpos de modo que encajan unos con otros a través de un espacio en negativo que es evidente, que salta a la vista y no acepta transiciones. Ese espacio en negativo son los perfiles, realces o relieves que permiten que el dibujo tome forma.

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