El bajo muro que hace sombra (republicado y extendido)

Ayer, miércoles 21 por la tarde, publiqué esta misma entrada, y el texto que contiene es de lo más abstracto. Responde más a un impulso por escribir sin saber qué decir. Cuando eso ocurre, desato la escritura automática, que en ocasiones me es suficiente pero en este caso me pareció forzado. Aun así, regreso esta mañana a ponerlo en circulación con algunos cambios como para que tenga un pequeño sentido. Por alguna razón hay momentos en los que mi cerebro se enmaraña, quizá un asomo de ansiedad es el principal motor, y entonces empiezo a dibujar; y la producción es relativamente ágil, pero si quiero decir algo al respecto de lo que he dibujado, no me sale nada. Hay algo, como un sentido que se me escapa y que necesito rescatar, pero no me sale nada. Así que ayer dejé caer este riachuelo de palabras.

Tengo la impresión de que podré volver a leerlo y me sentiré agradecida de haberlo conservado, el texto junto a su dibujo, pero no eso no lo sabré hasta que pase un tiempo y haya sido capaz de conservarlo mientras tanto:


El bajo muro que hace sombra sobre la hierba, esa que crece en mayo, es el preferido de sus pensamientos. Allá que vuelan su rumiar con alas transparentes hasta alcanzar el recuerdo esquivo de las lejanas horas tranquilas, si es que alguna vez las hubo en los días donde todo era efímero sin ella saberlo.

La ve, a la pequeña sombra, empequeñecerse como si estuviera al otro lado de unas lentes que alejan las cosas. Cierra los ojos y sueña con reconocerse en ella, la niña que nunca supo de ambiciones o logros. Cierra los ojos y se duerme con el mecer del viento que despeja los galimatías del razonamiento. Se duerme y respira hondo como solo pueden hacer los durmientes.

Escucha los pájaros: uno de ellos, el ruiseñor, se despide poco a poco. Su cometido ha llegado a su fin y cede ante la inminente aparición de los días amarillos y cálidos.

Lejos de tener lógica, solo es un remedo de poesía.


Anterior a esto de arriba, me había quedado algo colgada del color azul y sus matices, de estos días de atrás en los que leí sobre el color azul y me entretuve en la práctica de aplicar azul sobre el papel. Pues bien, ayer me vinieron también las ganas de seguir azulando las cosas y me salió el ejercicio que aparece abajo. El fondo es tinta china azul cobalto con textura creada con film transparente. Sobre este fondo apliqué tinta acrílica en dos tonalidades terrosas: la siena natural y la siena tostada. Ya después añadí algunos detalles, ramajos, etc. con la de tonalidad de sombra natural, la más oscura de las tres. El resto es tinta china amarilla que, sobre el azul del fondo, hace resurgir al verde brillante, de mayo, «aunque en sombra» ( lo de verde brillante de mayo me lo he inventado y hace referencia al escrito de arriba). Será que también en este dibujo hay un «bajo muro que hace sombra» y no lo vea porque está de parte de quien lo dibuja.


Y ya que estoy, puesto que acabo de incluir un dibujo en esta entrada que no estaba incluido en la versión de la entrada que publiqué ayer, continúo como si se tratara del relato de una mera asociación de cosas que en realidad han estado ahí en el tiempo. Hablo de la combinación de colores. Es bueno echar la mirada atrás y darse cuenta de que he acudido a una determinada combinación de tonalidades en distintos momentos. Normalmente, que yo recuerde, lo he hecho en momentos en los que no encontraba las palabras o que mi cabeza «enmarañaba».

Así, este ejercicio de tintas de abajo, que también contiene una coloración en oro aunque es difícil apreciarlo. El oro, otro componente que me absorbe en el dibujo.

No sé si es imaginar demasiado, pero a mí me recuerda a un mapa antiguo o a una galaxia quemada. En cualquier caso, me cuenta algo sobre tiempos antiguos, muy primitivos. No le daba más de dos días en mi carpeta, pero parece que consiguió sobrevivir a la purga. Son esos misterios.


¿Qué alguien me diga, por favor, cómo no volverse loca?

Esta pregunta es también un remedo de poesía.


Deja un comentario