El título es a medias una frase que Gertrude Stein extendió en su poema «Sacred Emily». El verso al completo es: «Rose is a rose is a rose is a rose».
Yo, que sabía que la expresión sonaba por ahí y que estaba relacionado con alguna cuestión de enfoque o juego lingüístico, pero no de quién era, me remito a ella (y la cito) para colgar este dibujo de una rosa en la entrada. Porque la verdad sea dicha, cuando quise ponerle nombre (por decirlo de algún modo) a pie de imagen y junto a la fecha y mi minúscula firma (no me emocionan las firmas), creo que llegué a preguntarme sin tener conciencia de que me lo preguntaba, y la pregunta fue: «¿Y qué es?». Y entonces la respuesta llegó de inmediato: «Pues una rosa.» Qué más podría decirme.
Han pasado los días. Estoy todavía espaciada, esponjada en mi espacio vacío. Respiro de manera extraña como para acostumbrarme a un nuevo elemento. Me acompañan papeles, grafito, un rotulador de tinta china negra con punta de pincel y rotuladores de colores para cuando me pongo colorida por dentro y necesito verlo por fuera. A excepción de alguna forma reconocible, como esta rosa, empienzo a desvariar y a hacer líneas que se buscan unas a otras y figuran alguna realidad alternativa. Y escribir, sí. También suelto algunas palabras que buscan juntarse las unas con las otras. Por lo demás, esto es solo una rosa, porque normalmente las cosas son lo que son. A qué darle más vueltas.

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Si te apetece saber por qué he cerrado los comentarios, lee esta entrada: «Los paisajes imaginarios (y los comentarios inexistentes).»