Aquí llego otra vez con poco que decir. Pero hoy he pasado por delante de un árbol y he visto sus hojas verdes oscuras, hojas de un tono ya profundo en la época en la que estamos, y he visto sus márgenes lobulados.
El viento azotaba la calle a primera hora de la tarde y zarandeaba las ramas más débiles de los árboles y arbustos, y mecía las ramas más fuertes, incluso algún tronco joven. Y estaba este roble a mano para fotografiarlo, que pronto perderá su verde profundo para tonarse rojizo —aunque es algo que supongo o dicen de esta variante— y finalmente quedará desnudo.
Cuando la calle, a esas horas, está vacía y corre el aire, como suele hacerlo en este pueblo si le visita en ráfagas, es fácil escuchar el movimiento del viento. Es hermoso y es relajante. Hace mucho que no visito el mar, pero creo que el efecto del canto del viento puede compararse con el de las olas en cuanto a las sensaciones que suscitan. Por supuesto que son diferentes, pero el hecho es que suscitan sensaciones intensas y son voces exclusivas de la naturaleza.
El roble es un árbol que no puede evitar que se le asocie a la fortaleza y a la nobleza. Solo pronunciar su nombre evoca la imagen de la constancia, la permanencia.
Fuerte como un roble, dicen.
Buenos días Olga, llegué hasta aquí leyéndote esta mañana, todo lo que no había leído; estuve de vacaciones, me acordé de ti, por el infernal ruido de la feria o fiestas del pueblecito donde viven mis padres, las verbenas ya no son lo que eran, un lugar divertido, música en directo y un espacio para bailar, bueno solo eso. En realidad quería decirte que es un placer leerte porque escribes con una belleza que me encanta.
Un abrazo grande, feliz fin de semana.
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Hola Esther. Me alegro de que hayas estado de vacaciones y, además, con la familia. Sobre las fiestas, no sé, es una percepción que tengo, y es que no tienen ya el sentido de celebración que se le suponen. Tampoco he estado en muchas en mi vida, pero en la adolescencia disfruté bastante de las fiestas del pueblo del que era mi abuela paterna, y era diferente. Supongo que se dirá que la edad te cambia, pero yo creo que hablo de otra cosa.
Mil gracias por haberme leído, Esther. Un fuerte abrazo.
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