Yo no sé por qué, pero esta expresión inglesa «flying solo» se me ha quedado grabada desde siempre. Cada vez que me desprendo de algo, me desapego, decido que la ruta es diferente, que debo abandonar ese esfuerzo por contactar con el mundo, me digo de forma automática «flying solo». Y son dos palabras que me vienen a la cabeza como un fogonazo de intuición, que no entiendo por qué tampoco, pero se desvanecen al poco de haberlas pronunciado en silencio.
Caigo una y otra vez en el empeño de contactar con el mundo. Me parece que estar sola en una comunidad construida para compartir es una especie de aberración. También me recuerda que es una actitud que me ha perseguido desde que tengo conciencia de ella, puede que en la adolescencia.
No me malentiendas, no es que no me guste el mundo, no es que no me guste la comunicación con ese mundo, es que no me hace falta realmente demostrarlo y al ir contra esta no necesidad me confundo y entro en conflicto con un montón de sensaciones, sentimientos, emociones y, lo que es peor, pensamientos, que no tienen que ver con el origen del caos que lo produce. Es literal que mi interior estalla en mil pedazos cuando todo ese remolino asciende en una espiral sin salida y conforma una especie de locura, lo que algunos llamarían neurosis.
Esto es algo que afortunadamente he conseguido paliar con el tiempo. Y puedo entender más o menos cómo sucede, pero no deja de abrumarme cuando lo experimento. Y al mismo tiempo, comprendo que solo es el preludio de una fase de renovación. La cuestión es que las fases de renovación se van agotando a la par que esas espirales, remolinos son menores. Ya no me sorprendo de que sucedan como tampoco me sorprendo de que ya carezcan de poca importancia. Porque sé qué quiero, sé qué no quiero, sé qué necesito y qué no necesito. Y si esto último es así, ¿por qué no me quedo tranquila en ese «flying solo»? Podría ser que en algún momento interioricé que el hecho de querer estar a solas, que no incomunicada, es algo malo. Tal vez se me hizo entender que no era bueno. Pero ahora que tengo tantos años sumados, ¿cómo no dejo atrás ese estúpido lastre que de cuando en cuando, aunque sea casi ya imperceptible, frena mis pasos con la edad que tengo?
Así que de nuevo recurro a estas dos palabras inglesas «flying solo» para ayudarme a emprender el vuelo, a seguir hacia delante y no girar la cabeza hacia donde ya no hay nada que contemplar.