Donde quiera que voy, los lugares están ocupados,
los papeles de la función, repartidos,
las raciones, asignadas.
Donde quiera que voy
parece que me esté yendo.
Será el impulso del propio movimiento,
la corriente que provoco al paso.
Será la cabeza que viaja de antemano
y que siente, o más bien piensa,
que ya todo lo tiene visto.
Una incapacidad de llegar
a cualquiera de los polos de la Tierra,
de avanzar y de que la orilla no se haga pequeña.
De todos los números,
soy el primero y el último.
Cae la tarde y veo que el sol se oculta detrás de la arizonica, frente a mi ventana.
