Recogiendo la ropa

La verdad es que no sé por qué se me ha ocurrido ponerle este título a la entrada. Creo que se me ocurrió primero la palabra «recogiendo» mientras miraba el dibujo de abajo y ya después me pregunté qué cosa sería la que podría seguir a la palabra «recogiendo» en este momento. Lo primero que se me ha venido a la cabeza ha sido «la ropa». Y así lo dejo. No hay una cosa más rutinaria y que no falta nunca en una tarea de casa que la de recoger la ropa. Lavar ropa, tender ropa, recoger ropa y guardarla. Y vuelta a empezar.

A mí este mes, que ya hace una semana que entró en escena de nuevo con sus cosas, me recuerda también a esto de recoger la ropa.

Lavo la ropa, tiendo la ropa, recojo la ropa y la guardo. Y vuelta a empezar.

Vamos a ver, así como este personaje de arriba se agacha para recoger las flores que caen, los pétalos que se desprenden, las hojas que se debilitan, yo me encuentro agachándome para recoger otra serie de cosas a espaldas de un sol que se pone o que nace. Como siempre, hablo entre metáforas y otras figuras de estilo —no que lo pretenda o que se me dé bien hacerlo— pues no sabría pronunciar con exactitud la vida que pasa. A veces mi mente planea tanto sobre los hechos y las emociones que me siento dirigir de continuo una nave espacial en misión de exploración, o quizá mejor sea decir en misión de observación.

No sé, cada vez más siento la imposibilidad de expresar.

Se abren ventanas en mi pensamiento que parecen vidrieras;
una configuración de la realidad que me conmueve y que después me estremece.


Y bueno…

A trompicones al principio, pero por fin he conseguido dar continuidad a un blog durante casi un año. Lo celebro. Me alegro de haber aprendido a compartir y me alegro de sentirme tan cómoda. Muchas gracias por estar ahí.

En cuanto a este mes, de un tiempo a esta parte no logro pillarle el tranquillo, y cada vez menos. Hay cosas que cambian de color y ya no revierten. Aun así, para quienes sí lo celebréis con especial sentimiento de fe o alegría, os deseo que paséis unos días bonitos y tranquilos.

Por mi parte, voy a retirarme hasta enero. ¡Nos vemos en el año nuevo!

Reflejos de una casa

Tengo una especial debilidad por las casas. No sé de dónde me viene. No es cuestión de arquitectura, no es una cuestión de diseño de interior, no es cuestión de período histórico. Es casi como una seña de identidad, de pertenencia, de sueño que hubo y que no está, o bien de lo que podría ser, pero no se ve porque existe en una especie de realidad alternativa. Desde el punto de vista de la psicología la visualización de una casa implica muchas cosas.

Creo que ya en otro momento lo he contado. Yo miro una casa que me llama la atención, sea cual sea su aparaciencia, y pienso en quién la habita, cuántas vidas ha contenido y durante cuántas generaciones; si la han habitado diferentes familias y qué huellas han dejado tras de sí en sus habitaciones, qué eco se oye todavía si se presta la debida atención a su silencio.

Quizá por eso, a veces y solo a veces, veo una imagen de una casa que me gusta, en su ambiente, en su escenario, y la dibujo. No es que pretenda retratarla; en realidad es una forma de prestar atención precisamente a ese silencio, residual, que antes mencionaba. Al final es como cerrar un ciclo o generar un reflejo de un estado interior.

Dibujo hecho con rotulador (pentel fudepen) de punta pincel fino y rotuladores de base de agua Sakura Koi.