Comenzaba las mañanas posponiendo una idea. Era mala cosa. Y entonces me di cuenta de que lo que debía hacer era no proponerme nada. De este modo todo lo que surgiera sería agradecido.
Del mismo modo que hago mis ejercicios físicos, hago este ejercicio de escritura incluso cuando los pensamientos no cuadran. Son minutos dedicados a aquello que he dado por perdido, pero que ocupan el tiempo sin miramientos. Lo dejo cuando creo que ya no me da más de sí la cosa. Al cabo de las horas, o puede que un poco antes, continúo en un cuaderno.
Recientemente le di vueltas al blog, en cuanto a su aspecto, y por fin di con uno de esos temas de los que ofrecían hace muchos años, antes de que la cuestión de personalizarlos, esto es, de ponerlo a gusto de cada cual, se convirtiera en ese incómodo comando de edición de los nuevos modelos. De pronto, no existen las plantillas, o casi no existen, o las han ocultado de su oferta, y en su lugar están esas propuestas vistosas que no están al alcance de cualquiera que solo quiere alquilar un espacio para escribir o publicar de corrido.
Pero entonces intenté hacer memoria y pude recuperar algunos de los nombres antiguos de los temas, o plantillas, que existían por aquella época en la que di mis primeros pasos por esta plataforma. Uno de esos temas fue el que ahora estoy utilizando para mi blog. Y fíjate que, de pronto, ese aspecto que no me encajó en su momento, de buenas a primeras se me hizo cómodo y agradable. La imagen de cabecera que sale por defecto me es más que satisfactoria. Es la primera vez que no siento ganas de cambiar la imagen que sale por defecto en una plantilla. Quizá sea el tipo de luz que aparece en la fotografía, o que el paisaje no difiere mucho de algunos lugares que hay en mi entorno, o que la casa de madera situada a la izquierda pudiera muy bien ser el hogar de fábulas al que me refiero en el título de mi espacio. Y si no fuera ese el lugar donde sucedieran todas la fábulas, podría ser que estuviera yo ahí dentro escribiéndolas simplemente.
¿Ves qué sencillo es considerar unos minutos de tu tiempo para ejercitar la escritura, aunque el mensaje sea insustancial?
Bueno, pues ahora dejaré nota de un breve apunte que hice en mi cuaderno ayer por la tarde:
15 de septiembre de 2025
Cuando ya la luz se va por la tarde en este mes de septiembre, algo me dice que voy dejando de ser un poco más la que era. Si es que sé qué significa eso.
Puedo observar la parte superior de las arizónicas a través de la ventana y contemplar un resplandor diferente al de los días de verano. Aunque la estación no ha concluido y la calidez de aire no cede, de pronto avanzan las horas y ¡puf! el entorno parece caer a plomo, como si todo el rato hubiera estado sosteniendo una atmósfera que ya no le convenía sostener.
Poquito a poco llegan los momentos deseados en los que la caída es reflejo de renovación. Extraño reflejo.
Cuidado con los deseos, porque suelen cumplirse.
No podré concluir una historia, pero seguiré narrando a pesar de todo y contra todo pronóstico.
Y llegarán los fantasmas dorados y las fábulas, y mientras me queden las ganas o la capacidad de pensar, me llegarán todas esas cosas que aparentemente no tienen ningún fundamento; y las pondré por escrito, por aquí o por donde sea que mi mano corra como ser con vida propia. Y todo eso haré porque ya me da igual si estoy aquí o allá. No me quedan segundas intenciones ni fuerzas para sobrellevar una nueva empresa. La mayor de ellas ya la vivo ahora y es más que suficiente. Todavía estoy en eso de pillarle el tranquillo; un empeño que me mantiene toda entera ocupada.