Jugar

Hoy 20 de octubre es el día mundial del perezoso. Lo dice Google.

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No pensaba empezar esta entrada con esta noticia, pero siendo el perezoso un animal que me gusta mucho y portando tal nombre debido a su lentísimo movimiento y lentísimo proceso de vida, me ha parecido bueno integrarlo en lo que voy a contar a continuación. Hoy voy a empezar a hablar de jugar.

No se trata de una definición ni de buscarle un sentido a dicha acción, la de jugar, sino de mencionar un reencuentro personal con la idea de jugar, esa cosa que solía hacer de pequeña. A partir de ello, irán surgiendo otras curiosidades que posiblemente compartiré en lo sucesivo, solo porque me apetece.

Empiezo. Estaba leyendo hace un par de días un libro que va de un encuentro entre un poeta-juglar y una médium. Se encontraron en el lugar donde vive la médium, en una población del Prepirineo catalán, para hablar de, entre otras cosas, de los arcanos mayores del tarot. Más adelante (en otra entrada) diré qué son esos arcanos. Supongo que hablaron de muchas cosas de la vida y de muchas cuestiones vitales. El libro está editado de una forma cuidada, bella, bonita, lúdica, visualmente atractiva, con alusiones constantes a la poesía y a los poetas, a la experiencia de la vida, y decorado de forma especial por la médium, Amor Estadella, con sus dibujos representando cada uno de los arcanos mayores a su manera.

Pues bien, menciono este libro porque más abajo voy a anotar una cita de Amor Estadella en la que me voy a basar para hablar de mi experiencia con el juego, o para iniciar esta serie de entradas en las que, entre otras cosas lúdicas, también hablaré del tarot. A lo largo del tiempo, así, podré entender por qué a partir de este encuentro (o quizá no se debiera a ello, pero es lo mismo), mi cabeza se ha esclarecido y he hallado una forma de significarme que no necesita de demostraciones a nadie, y menos a mí misma. Antes bien, solo siento apetencia de compartir curiosidades que pudieran, en el mejor de los casos, incitar al juego, a la observación o a la contemplación. Es posible también que no inciten a nada. En ese caso, no es un problema. Precisamente la ambición del juego (el juego no competitivo) es eso, que no ambicione nada. Todo es construcción, deconstrucción y reconstrucción. Como ese set de bloques de madera con los que jugaba una y otra vez de pequeña.

Vale, no me adelanto. Lo que ahora quiero es un poco organizarme mentalmente, y como siempre hago, me organizo en el camino. De modo que escribo esta entrada, que solo es un ápice de lo que cuento, y me voy organizando. La cuestión es que me apetece abrir la senda para hablar del juego y del tarot, que son los dos catalizadores de mi creatividad en este momento. Para ello, ahora sí, voy a anotar la cita de la que hablaba antes, la del libro de Amor Estadella (médium) y de Oriol Sauleda (poeta-juglar). El libro se llama, por cierto, Y entonces me dijo (Ed. Luciérnaga, 2025):

«[…]llega un momento en el que la vida física ya funciona por su cuenta (se refiere a las tareas de la vida, en especial de la mujer), y entonces te viene a la mente que hay algo dentro de ti que está por hacer. Cuando estoy en una sesión en situaciones de ese tipo, dirijo a la persona hacia la infancia, el lugar donde reside la auténtica esencia, sin manipulación social. Procuro que recuerde alguna actividad que la hiciera feliz y que tuvo que abandonar. Hay aficiones que pueden comenzar en cualquier momento: una puede crear hasta la muerte, nunca es tarde. El número 31 está vivo siempre que tú lo mantengas con vida».

(1Esta cita pertenece a un lugar en el que está hablando del arcano de la Emperatriz, que ella ha renombrado como La Mujer, y que ocupa el número 3 en la serie de los arcanos mayores.)

Antes de leer este fragmento y este libro, yo ya andaba con mi necesidad de recuperar una memoria particular, la que tiene que ver con el juego en mi infancia. Porque cada vez estoy más convencida de que algo se me perdió en el camino, algún tipo de conexión que luego regresó en la adolescencia y en la juventud de una forma reinventada, disfrazada, quizá dramáticamente disfrazada y muy distorsionada. En cualquier caso, cuando leí este fragmento de arriba, me pregunté: «¿qué responderías tú a esto?»

Intenté visualizar la respuesta, como si estuviera delante de esta mujer. Estaba muy claro. La respuesta sería «jugar». Si por algo me sentí frustrada, incluso sin ser consciente de ello, cuando cumplí doce años, más o menos, fue por el abandono de mi juego con mis muñecos, con mis bloques de madera, con mis barajas de cartas (infantiles), mis cuentos de siempre, mis diálogos mentales y verbales acerca de la historia que estuviera fabricando en torno a los juguetes (físicos o simulados, con amigas y sin ellas). Estaba claro, la respuesta era «jugar». Y la verdad, aquí es donde me detengo de momento, de aquí surgen muchas cosas en las que me he empeñado y no tenían mucho que ver con el original. Aquí es donde me gustaría marcar el comienzo de mi charla empedernida acerca de ese simple acto de significación, el juego. Porque ese es el punto en el que la nostalgia deja de tener sentido y se transforma en posibilidad real.

A partir de ahí ya es solo avanzar según tu organismo necesite, como el perezoso. Cada cual a su ritmo.

Y entonces me dijo de Amor Estadella y Oriol Sauleda, Luciérnaga, 2025.