Jugar en la cocina al calor de la lumbre

Mi anterior entrada no era una entrada aislada fuera de programa. Se trataba de un propósito personal y una hoja de ruta, como se le suele llamar ahora.

Mi blog, este blog, tiene por nombre «Hogar de fábulas». Me vino así a la cabeza porque ya no se me ocurría cómo llamar a la nueva andadura que surgió a partir del pasado mes de septiembre lejos de ese primer impulso de subir dibujos y del posterior impulso de subir escritos. A lo largo de este año 2025, esto es lo que ha sido: una consecución de intenciones en lo que publicaba que se iban desinflando según se desinflaban los propósitos que llenaban mis días. Al principio fue El balanceo de las hojas y luego El primer escrito (cada uno de los cuales están encapsulados almacenados en categorías de este blog). Ahora es un simple Hogar de fábulas. Pero me gusta cómo suena, aunque hasta publicar mi anterior entrada no tenía forma, no sabía qué forma tendría.

En esa entrada anterior hablaba de una serie de cosas que me gustaba hacer de pequeña, a lo cual remitía para contar qué es eso que abandoné a los doce años (más o menos) y cuyo abandono me hizo sentir la misma frustración que ocasionalmente he sentido a lo largo de mi vida hasta hace poco. Esa serie de cosas que me gustaba hacer eran (y me cito): «mi juego con mis muñecos, con mis bloques de madera, con mis barajas de cartas (infantiles), mis cuentos de siempre, mis diálogos mentales y verbales acerca de la historia que estuviera fabricando en torno a los juguetes (físicos o simulados, con amigas y sin ellas).»

Bueno, pues para seguir con mi propósito o para empezar a darle forma a este apartado del blog, ahora ya sé qué me apetece hacer en mi hogar de fábulas: se trata simplemente de jugar y de hablar de esos juegos de antes y de ahora; de la fábula, de la imaginación, de la posibilidad que encierran.

Pero antes de hundir los pies en el río que todo lo mueve y renueva, quiero contar a qué me suena ese hogar de fábulas, quiero decir cómo o por qué me parece que me llegó este nombre. A eso va dirigida esta entrada de hoy.

La palabra hogar tiene para mí una connotación doble: el refugio, el lugar que habito, físico y mental (o espiritual), y el que contiene la lumbre que da calor. Cuando pienso en un lugar que da lumbre, pienso en un lugar que da luz y da calor. No puedo evitar pensar en un lugar de refugio igualmente.

La palabra fábula, aparte de todos sus significados desde el pensamientos de los antiguos y los clásicos, yo la asocio a las fábulas que leía de pequeña y a la idea de inventar, gracias a la imaginación, cuantas historias te vengan a la cabeza.

Ahora voy a juntar estas dos cosas y lo primero que se me ocurre o se me suele ocurrir es contar historias a la luz y el calor de una lumbre en el interior de un hogar. Y eso lo he visto en muchas películas y lo he leído en muchas historias de libros, pero a donde mi recuerdo vuela de inmediato es a esa película de 1962, El maravilloso mundo de los hermanos Grimm (de Henry Levin y George Pal).

Recuerdo ese momento en el que uno de los hermanos Grimm sigue la estela de niños del pueblo que se adentran de continuo en el bosque a una cierta hora de un cierto día para desaparecer en el interior de una casita, o cabaña (que dicen que pertenece a una bruja) para saber qué ocurre. Este hermano Grimm ve y escucha a través de una ventana. Lo que ocurre es que los niños toman posiciones en el interior de la casita en torno a la bruja (la señora que vive sola en el bosque y a la que todos llaman bruja o alguien de la que hay que tener miedo) y se disponen a escuchar lo que la mujer les tiene que contar. Por cierto que esta mujer deja a un lado el puchero o lo que esté cocinando para hacer eso que los niños esperan. El fuego está ardiendo, hay luz y hay calor y empieza la magia. La mujer les cuenta cuentos. El hermano Grimm se sienta debajo del alfeizar de la ventana, saca un cuaderno y comienza a tomar nota de lo que escucha.

Probablemente no sea exactamente así como sucede en la película y en la realidad tampoco (por una parte, hace tiempo que no he visto la película y, por otra parte, no me quiero meterme en fidelidades de una ficción). Lo que importa es lo que mi memoria ha retenido, asociado, impulsado. Sí, ese es mi hogar de fábulas.

En mi casa, en la casa de mis padres más bien, yo solía hacerlo todo en la cocina. Teníamos la suerte de contar con una cocina más o menos grande y acogedora (mi padre forró sus paredes con listones de madera de forma constante y paciente). En ningún sitio me he sentido mejor que en una cocina para conectar con el día a día, y no precisamente por cocinar, sino por un sentimiento de hogar. Es curioso que en este piso donde vivimos ahora, he tenido y dispongo de un lugar para aislarme y escribir, aunque sean estas tonterías del blog, pero de pronto, desde hace unos dos meses, me voy a la cocina cuando quiero ponerme a escribir una entrada, a leer, a garabatear, lo que sea. Cuando renové el blog en septiembre, me crucé con una foto que mostraba un fragmento de cocina, una mesa con libros, cuadernos, etc., una alacena, una ventana o puerta desde la que entraba luz. Pues así es, me quedé observando la foto y me reconocí en ella y de ahí surgieron otros pensamientos y otros, y el recuerdo de la mujer de la casita del bosque y el hermano Grimm en su intención de registrar los cuentos orales que se narraban a la luz y el calor de la lumbre e impregnados de un guiso que se hacía lentamente, y otras tantas cosas, como el juego…

Ahí lo dejo. Esa es mi idea, la que me impulsa ahora. Hay tres facetas que conviven en este hogar virtual y tendrán sus distintos armarios o cajones, y saldrán a demanda de sus propias necesidades o apetencias, pero que todo lo guíe el juego. Sin el juego, poco soy capaz de hacer de un tiempo a esta parte. La seriedad me inunda de tristeza y me viste con un traje de sobriedad que se me hace inmenso e inaguantable. Porque sencillez no es sinónimo de simpleza. Y si soy simple, pues me vale también. Será hora de reconocerlo.

En cualquier caso, como se trata de una cocina, todo cabe en el mismo espacio, dibujos, escritos, juego… Todo se va guisando con lentitud y cariño. Aunque el blog se llame finalmente Hogar de fábulas y me haya hecho una niña de pronto, está todo ello aquí dentro, dentro de sus respectivos nombres y cada vez que publique algo que remita a su propósito, irá bajo la categoría que le corresponde. Si pasas por aquí y te apetece quedarte durante un tiempo, léelo como te sea más cómodo, sigo siendo la misma en todas sus aristas y facetas. Espero contribuir en algo, y no quedármelo para mí sola. Recordar que fuimos niñas/os no es pequeña cosa. Recuperar esa misma sensación no lo es tampoco.

10 comentarios en “Jugar en la cocina al calor de la lumbre

  1. Acabo de leer tu última entrada en Hogar de Fábulas, y me he reído… porque parece que estamos en una misma idea aunque en diferentes estancias. El pasado año estuve en México dos meses, fui a presentar mi libro: La niña que fui, un libro que escribí en un momento muy parecido al que hoy comentas. Después el rítmo de la vida, ese libro en borrador llegó a México y por sorpresa mía, fue publicado. Hoy, está agotado. Me queda un ejemplar. Y ahí cuento algo que me hiciste recordar de la infancia, la cocina, los juegos, la escuela, la vida en un pueblo pequeño… y comienzo diciendo: Soy hija del Amor. Porque todo lo relacionado con ese hogar es Amor, incluso lo más dispar. Por eso te comprendo. Y te felicito por volver a ese tiempo nunca perdido. Felicitaciones, Olga. Mi abrazo y feliz día.

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  2. Es muy bonito tal y como lo expresas y sobre todo, no sabrás adónde puede llevarte hasta que no te adentres en ese mundo “de la cocina” lleno de sensaciones olvidadas que es muy hermoso recuperar, volver a hacer tuyas, aunque siempre han estado allí. Me gusta esa mención a los hermanos Grimm, sus cuentos y los de Andersen eran mis favoritos.
    Siempre es un placer leerte, Olga, tus pensamientos son muy inspiradores para mi, gracias y un fuerte abrazo.

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    • Eso es lo mejor de todo, es cierto: «no sabrás adónde puede llevarte hasta que no te adentres en ese mundo». Como el hermano Grimm que sigue a los niños al interior del bosque para averiguar qué ocurre. Le guiaba el instinto. Para mí también fueron una referencia, los Grimm, Andersen, junto con Perrault. Hay unos cuantos recopiladores más que ya surgirán. Me alegra saber que mis entradas contribuyen para algo. Yo tengo que decirte que me has enseñado mucho con tu forma de hacer. Un fuerte abrazo☀️

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