7 de enero de 2026
Apelo a la intimidad, a ese hueco en el que te dices tantas cosas que creías, pensabas, sentías; tantas cosas que estabas dispuesta a olvidar o contar. Pero entonces llega un día en el que todo lo que eras carece de sentido. Te has ocupado tanto de borrar, de eliminar los días, ese personaje que apenas reconoces, que de buenas a primeras hay impulsos que solo saben sostenerse en el aire. Nada más.
Yo iba a decir, yo iba a contar, yo quería, yo intentaba, yo era esto y aquello; no me gustaba, me encantaba, me causaba rechazo, me atraía, me apasionaba, me dejaba indiferente.
¿Quién eres ahora? ¿Quién eres de verdad? Una idea que se mueve con pies ligeros, una sensación que fluye y que lanza su ancla en aguas turbias, extrañas.
Un olor, una visión, una imagen descolorida, desvaída, un paso de baile anticuado. Todo eso eres y te sientes bien, te sientes encontrada en tu maraña de neuronas vivarachas.
Apelo a la intimidad para narrar lo que no tiene palabras. Ya no las tiene y esa es la verdad. No fue el deseo de olvidar o el deseo de cambiar; es solo que pasa el tiempo y es mucho tiempo, a la vez que demasiado estrecho. Se aglomeraron los hechos, los recuerdos repintados por la memoria imaginada.
Apelo a la intimidad para hablar de mi presente. Me siento incapaz de asirlo, pues no soy una recién nacida. Tampoco puedo decir que he muerto y he vuelto a nacer como rumorean los manuales de psicología.
Es este el rincón en el que te mueves, el hueco de tu alma en el que anidan las indefiniciones. Sin meditaciones ni actos que requieren respirar en un ritmo controlado. ¿De qué te sirve aguantar o controlar la respiración durante diez minutos —los que dicten aquellos sabios— si luego te pasas el resto de las horas jadeando como un jamelgo en un desierto? ¿Dónde van el enfado, la ansiedad, la angustia, cuando meditas para evitarlos?
Soy el tú y el yo danzando una chacona, una polka, un vals trasnochado. No primeras, ni segundas ni terceras personas. ¿Sería posible aludir a quien hace las cosas sin designarle una identidad? Pues ese, esa, eso, es lo que escribe esto: un susurro entre las piedras, un copo de nieve que no cuaja, el azul del cielo sobre la bruma en un día de invierno. Arriba el sol escondido, abajo las montañas vestidas de blanco.
No creas que lo tengo organizado. Esto ha salido de una simple expresión que surgió de la imagen: apelo a la intimidad. A eso apelo.

Y sigo, como el que se remonta al siguiente movimiento de una pieza musical.
Es la misma sensación que en un sueño, la misma que sucede después del zambullido en el agua, donde no se oye nada.
Anoche soñé muchas cosas, como en las pasadas noches. Pero anoche soñé que abría una puerta en un muro que cercaba una población y entonces se abrían las aguas en el interior de ese vano de puerta que había abierto. No me quedó más remedio que aceptar la circunstancia y penetrar las aguas. Durante lo que me parecieron minutos nadé, nadé, braceé buscando la luz que me señalara la superficie. Y veía la luz y sentía que estaba cerca. ¿Crees que estaba angustiada? Realmente no. Y eso era lo que sorprende. Quizá si saliera a la superficie finalmente, no lo sé. Dejé que el sueño se fuera, cuando desperté, como se van normalmente todas las ideas.

Escuchaba hoy viernes, 9 de enero de 2026, esta pieza de Hildegard von Bingen intepretada por Marion Frère y Balthazar Naturel y me dije que la incluiría en esta entrada. Aquí está:
Maravilla de vitalidad y belleza en lo que dices, Olga, en como lo dices, preciosas ilustraciones. Para mí meditar es escuchar una música como la que nos compartes, hacía tiempo que no escuchaba nada de Hildegard. Ciertamente la intimidad solo se encuentra en una misma. Hoy en día es horroroso aparentemente iguales que somos todos sobre la superficie, pareciéramos repetirlos, replicarnos hasta el infinito. Y cuando estamos aquí, aparecemos y es como si no nos perteneciésemos. Yo cuando me refiero a respirar, lo digo muy consciente, no es el de aprender a controlar de la meditación, o lo que quiera ser, sino el recuperar la respiración del pulso de la vida. Aceptar es una opción que nos proporciona paz y sosiego.
Un abrazo enorme, es un placer leerte, magníficas las flores 🤩 las capuchinas, se pueden comer en las ensaladas.
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Exacto, Esther, «aceptar es una opción que nos proporciona paz y sosiego», y la gente lo confunde con dejar de existir. Muy al contrario.
Las capuchinas, si las encuentro, me las comeré como dices, que a mí las ensaladas me encantan y floridas más. ¡Qué bonita comida! Gracias, Esther. Un abrazo:))
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Words and reflection are of profound intimacy, like a wild cry in this text. So much light in your drawings, Olga ! Merci beaucoup !
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I’m glad you heard the cry, and thanks to your comment I understood it felt like and was that cry. So thankful to you, Béatrice!
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La lmúsica, tus dibujos, las flores en consonanci con tu intimidad y tus sueños es todo un momento de elevación, de reconocimiento frente a la belleza de ser y estar en este mundo y parte del otro… Me encanta ese sueño con la puerta abierta al mar es todo un emblema de liberación y esperanza buscando la luz. Qué preciosa imagen que no dudo pintarás…? Es un placer leerte, amiga. Identificarse con tantas sensaciones que muchas veces no sabemos explicar y que tú nos muestras con tanta elegancia. Un fuerte abrazo. Y feliz fin de semana.
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Me da apuro no saber expresar el agradecimiento que siento por este tipo de comentario, Julie. Es un privilegio tener a alguien que te lea y te vea a través de las palabras. Esa imagen del agua es liberadora y es real. Me alegro de poder compartirla contigo. Un fuerte abrazo:)
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No dejes de dibujar o pintar esa imagen del agua. Te alegrarás. Besos.
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Pues me dejas pensando en ello. No sé si sería capaz; quizá como sensación. Si llego a hacerlo, lo comparto contigo, Julie. Muchas gracias, amiga.
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Después de escuchar a Hildegard Von Bingen, y de leerte, bueno, y de hacer un viaje imaginario a tu primer dibujo y quedarme un ratito en ese maravilloso rincón que nos presentas, me queda una sensación placentera y entiendo que la intimidad es un refugio al que acudir sin culpa, y es maravilloso disfrutarlo y hasta respirarlo, sea como sea en cada momento, con preguntas sin respuesta, dudas, contradicciones, todo cabe. Así al menos lo siento yo y te agradezco, una vez más, que compartas esas palabras, sensaciones, siempre tan sensibles e inspiradoras. Un abrazo, Olga.
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Es eso «un refugio al que acudir sin culpa» y es tan cálido como fresco; en cualquier caso poder serlo todo sin determinar. Si, además, se abre un huequito por el que compartirlo y que haya alguien que lo vea, lo escuche, como lo haces tú, y que incluso, si resulta bueno para quien lo visite, lo tome como suyo, eso es un lujo. Yo me siento inmensamente afortunada. ¡Gracias, Eva! Un abrazo.
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Hola, Olga. ¿Qué sabrán los manuales de psicología de «los recuerdos repintados por la memoria imaginada» o del «copo de nieve que no cuaja»? Poesía y pensamiento van de la mano en este bello texto, que toca muy adentro. Me quedo dándole vueltas al posible sentido del sueño. Saludos 🙂
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Muchas gracias por leerlo, Juan. A veces salen las palabras y parecen decir algo:) Acerca del sueño, tengo una vaga idea de su sentido, porque la realidad es que somos sus creadores y en estos últimos días y semanas todo iba hilado. Pero la verdad es que este sueño en especial (en el que aparecían dos o tres niños marroquíes recorriendo la parte superior del muro o muralla que menciono, como si se escondieran de algo o fueran a defenderse de algo (curioso, ¿no?) la sensación de entrar en el agua por esa puerta en el muro y de inmensidad a mi alrededor y de la certeza de que tenía que alcanzar la superficie de algún modo, todo eso me sorprendió cuando desperté y también que no estaba angustiada. Ya ves qué cine me marco en los sueños:)) Si algo de ello te interesa para incluirlo en un libro puedes hacerlo sin problema:)) Saludos, Juan.
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Esa falta de angustia me ha recordado al final de «Casa tomada», que también sorprende. Aquí también hay muros y puertas, y al final tienes que salir. A saber qué sentido tiene, si es que los sueños tienen sentido.
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Sí, los sueños tienen sentido; el que le damos nosotros. La cabeza, cuando no se la controla, construye historias muy curiosas para dar sentido a todo lo que vamos viviendo.
«Casa tomada» es muy buena. Es uno de mis dos cuentos favoritos:)
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