Una flor para este viernes

¿Sabes aquello de que tienes ganas de decir cosas y pasa el rato y esas cosas se van? Pues es lo que me ocurre a mí y cada vez más; de lo cual me alegro, también, cada vez más. Hablo de lo que hay dentro de mi cabeza, hablo de lo que pasa por delante de mis ojos. Quizá llegue más en forma de una historia que se desvanece y que si se da el caso y me pilla desprevenida, hace por quedarse y se deja caer en un cuaderno o en una entrada del blog.

Hoy es viernes, y me doy cuenta de que el viernes, o los viernes, me gusta para andurrear por el blog —¿existe acaso esa palabra? No importa—, y por tener un motivo para andurrear por el blog, subo esta flor que hice ayer y escribo algo que la acompañe.

Me parece honesto decir que los dibujos que hago, esos que hago fijándome en un modelo, los saco de imágenes que encuentro en internet, más concretamente en Pinterest. De un tiempo a esta parte, es así. Hacer fotografías de mi entorno para dibujar dejó de interesarme allá por la primavera del año pasado (2025) o quizá antes. Lo cierto es que me apetece dibujar más detalles, más otras cosas, como para ayudarme a sentirme bien, segura, concentrada. ¿Me gusta obtener un resultado? Seguramente que sí, pero tengo más la sensación de que quiero encontrarme con una manera de dibujar, de estar, de usar un determinado instrumento y de saber qué estoy viendo en las líneas y formas más que en lo general. Quizá en otro momento me dé por contar de qué va esa nueva «manera» de dibujar, o quizá no, por considerarlo irrelevante para nadie.

Como llevo diciéndome desde hace un buen tiempo: ya no intento hacer arte, ni demostrar una destreza —eso pierde todo su valor y sentido a la larga—, sino una especie de labor artesana que, bien o mal, me deposite en lugar seguro y tranquilo; me ayuda a evitar zozobra y tambaleo de otras circunstancias, por pequeñas y nimias que sean estas. Era eso lo que necesité cambiar en el pasado verano (2025). Ese preciso momento en el que percibí que el dibujo era la causa indirecta de situarme ante el precipicio es lo que me llevó a cambiar, y no sería un simple cambio, sino una transformación profunda de las motivaciones y de los actos en una labor que, bien llevado, debería de salvarme y me salva.

Por otra parte, en la escritura, que para mí es un modo de canalizar mi habla, puedo decir un tanto de lo mismo. La escritura, ya veo, no es lo primordial para preservar ese lugar seguro. La escritura es solo la impulsora de mi energía, pues al fin y al cabo es la extensión del pensamiento y precursora de la voz hablada; por eso estoy aquí escribiendo estas palabras.

Comparto a continuación una pieza de canto de Alessandro Scarlatti, Giuditta (1697), cantada por el contratenor Filippo Mineccia. Para mejor sonido está la reproducción en Spotify. La pieza saltó en el reproductor de Spotify en algún momento mientras escribía esta entrada. Espero que lo disfrutes.

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