Me gusta compartir pensamientos y es una de las razones de tener este blog. Aunque no se trate de compartir pensamientos con alguien en concreto, sino solo ese verbalizar que le hace bien a una, como para concluir de algún modo y pasar a otra cosa. Bueno, no siempre consiste en eso. Pero en cualquier caso, esta entrada es para iniciar o reiniciar algo que en otro tiempo hacía en cierta medida sin convencerme del todo, y esto es dejar una marca de recorrido de los dibujos que hago, de su contexto, de lo que uso para hacerlos, de sus motivaciones, quizá, de las referencias que tomo. Como no lo tenía muy claro en cuanto a mi lugar en esta actividad, decidí alejarme de todo ello el verano pasado (de 2025) para acercarme de nuevo con cierta claridad de miras, si eso era posible.
En esas me vi deshaciéndome, para empezar, de materiales y herramientas que no me permitían abordar las cosas con tranquilidad. Era todo ese material que implicara, en su uso, pinceles, brochas, paletinas y paletas, agua, trapos, etc., y que pedían de mí una forma de actuar inquieta, desordenada, impaciente y ansiosa. A esto le añado la incomodidad que me producían ya los formatos mayores de un Din-A4. No solo es el espacio que hay que abarcar y si permite realizar el motivo que yo quería reflejar en el fondo, sino también el espacio que ocupa en tu hogar; cuánto lugar de almacenamiento se necesita para guardar tal acumulación de intentos. Quizá sea también que a lo largo del tiempo me gustan las cosas más pequeñas, más accesibles, más menudas y contenidas… ¿Y no sería también, al fin y al cabo, que estaba totalmente equivocada en cuanto a mis motivaciones y en cuanto a una forma de abordar el dibujo?
Y sí, en realidad, era tan simple como haber fundido enormes, gigantescas, cantidades de energía en pegarme contra un muro. Duele solo de pensarlo y da risa. Mi dispersión en el tiempo ha sido absoluta, mientras perseguía una misión casi imposible. De lo que me alegro es de haber aprendido bastante, de lo que no me alegro es de haberlo pasado innecesariamente mal. Pero así es el ser humano, aunque me consta que los hay y las hay que tenían sus caminos muy claritos en esto de la creatividad. Yo, desde luego, no he sido una de ellos. Yo solo sé que no he parado de elaborar, pero a costa de muchos vaivenes, insatisfacciones y ansiedades. Al final del trayecto, sin embargo, estando en este lugar donde me miro con condescendencia, veo que he sobrevivido a mi estupidez y que muchas veces la actividad me ha rendido, especialmente en lo de disfrutarla porque, en cuanto a los resultados, hay de todo.
Bueno, pues con esta entrada me parece que vuelvo a retomar, y de mejor manera, mi idea de dejar una marca de recorrido de los dibujos que voy haciendo —como decía al principio—, de su contexto, de lo que uso para hacerlos, de sus motivaciones y de las referencias que tomo. Pues al hacerlo me alejo de las moñerías y me aplico al modo «trabajo». Me centra y da sentido a un orden que se va estableciendo en mi forma de dibujar, en mi forma de concebir esta actividad.
Lo que me costará un poco será encontrar la forma de expresarlo, porque no estoy muy acostumbrada a hablar o escribir acerca de cómo hago las cosas. Suelo escribir aquello que me inspira la imagen, o bien utilizo la imagen para escribir acerca de lo que sea. Pero todo es empezar y seguir por ahí.
Manos a la obra
Estos dibujos están hechos con un rotulador recargable de tinta resistente al agua. No es exactamente un rotulador, aunque lo llamen así. Es más como un pincel recargable, como los que se pueden usar para la acuarela, que resultan muy prácticos para hacer acuarela de campo. La punta del que uso es extrafina por lo que los trazos son más fáciles de controlar, o a mí me resultan más fáciles de controlar. En todo caso, lo que descubrí ya por aquella época del verano pasado es que me agradaba mucho dibujar con este instrumento. Es como si se aviniera a mi forma de mover la mano. Supongo que con el tiempo sabré expresarlo mejor. Sea como sea, es uno de los instrumentos que sí me han salvado, porque me ha devuelto la mirada y me ha situado en un lugar cómodo y seguro que empecé a construir dibujando pájaros. Empecé con esa curruca capirotada en junio de 2025 y siguió con los otros dibujos de pájaros que hice durante el pasado otoño.
Ya dije en una entrada anterior que ahora pillo imágenes de internet, especialmente de Pinterest, para replicarlas a mi modo. Todos estos pájaros proceden de esa misma fuente. ¿Por qué de internet? Porque hay detalle. Bueno, las que lo tienen. Las fotografías que puedo hacer yo con mi móvil —que no soy fotógrafa ni de cerca— no muestran detalles, ni siquiera la luz y el color son reales. Por supuesto que estoy hablando de «mis» fotografías. Hay gente que hace maravillas y gracias a eso yo puedo encontrar esos motivos que me inspiran para dibujar. Se reduce a saber qué quieres dibujar en cada momento, y en este momento mi cabeza me pide replicar esos detalles. Curiosamente luego yo no soy de aproximarme al detalle, pero necesito verlo para hacer lo que me place. Todavía no me ha dado por perseguir pájaros por el campo para hacer apuntes y no creo que lo vaya a hacer nunca.
Entre tanta imagen de pájaro, por algún tipo de búsqueda anterior que yo haya realizado, me salieron unas cuantas de cuervos y especialmente en familia, en grupo. Hay algo en la figura del cuervo de estas imágenes que escogí para hacer mis réplicas que me llama poderosamente la atención. El negro azulado, sus picos; pero que además salgan en familia, en pareja, no sé, me motivaron y me motivan. Este instrumento que uso para dibujar, el rotulador de tinta recargable me viene de perlas para replicarlos de modo que lo que veo y lo que hago me satisface. ¿Sabes eso de una cosa es lo que piensas que quieres hacer y otra lo que haces? Pues esta vez no me sucede. Sin ningún tipo de meta u objetivo, sin un acabado preconcebido, empiezo a dibujar y va saliendo y me hace sentir contenta.

En cuanto al fondo —y sobre ellos hablaré también, y bastante, en otras ocasiones— lo que utilizo normalmente son rotuladores de base de agua. Tengo dos tipos de base de agua y los combino porque tengo que echar mano de unos o de otros según la gama de colores que facilitan cada marca.
De todas formas, en este tipo de dibujos, no tiene mucha relevancia el uso que hago de los rotuladores por eso no me detengo en ellos. Se trata solo de crear una atmósfera indefinida con el color y lo importante son los cuervecitos.

Me encantan los cuervos, hay muchos por aquí, son muy sociales e inteligentes, además muy longevos, hace algunos días me encontré una de sus plumas negras atornasoladas, hermoso encontrar ese plumaje y esa sociabilidad en tus dibujos, preciosos, Olga. Feliz semana, abrazos.
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